Volátil

06/08/2009

Así era su alma, volátil. Las promesas que se hacía, volátiles. Al igual que el color de su pelo, sus intentos de destrozar la belleza eran inestables, como inevitable era el empeño en desear sabotearla. Al final en un infinitésimo de segundo, antes incluso de lograr cerrar sus ojos en un fugaz parpadeo, volvía a perder las batallas que no existen, las ganas de ladrar y se derretía entre grises hasta ser solo agua tibia huérfana de continente.

Ya lo sabe, que enfadarse con los ritos que hacen huelga es pura dulzura, que cuando frunce el ceño lo hace por defenderse porque hace ya tiempo que se le oxidó la armadura y anda por ahí con el pecho de diana.

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